Los viajes de Abraham en el siglo XXI

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David y Leo eran dos hermanos con caracteres muy distintos. David siempre alegre y optimista en cambio, Leo siempre apesadumbrado y pesimista.

Cierto día sus padres quisieron probar hasta qué punto llegaban esos sentimientos. Le pusieron a David en un cuarto lleno de estiércol y a Leo le pusieron en cuarto repleto de juegos.

Al rato entraron al cuarto de Leo y lo vieron llorando desconsoladamente. ¿Por qué lloras con tantos juegos a tu disposición? Yo sé que no me dan nada así nomás. Debe ser que me descubrieron algo malo, además me dará mucho trabajo ordenar todo esto! … Entraron al cuarto de David y lo vieron feliz, activo, con una pala en la mano, como si estuviera buscando algo. ¿Por qué estás tan feliz? ¿Qué es lo que estás buscando? preguntaron con mucha curiosidad. Miren, tanto estiércol no viene solo. Estoy buscando al pony…

En la parashá Lej lejá encontramos la primera orden que HaShem le diera a nuestro patriarca Abraham: Lej lejá meártzeja umimoládetejá umibeit avija el haaretz asher areka (“Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tus padres, hacia la tierra que yo te indicaré”). 1

Parece fuera de lógica: ¿por qué HaShem tiene que especificar que Abraham debe abandonar su país, su tierra, su casa? El Jasidut indica que aquí subyace un mensaje que va más allá de la orden específica que HaShem le diera a Abraham de dejar su lugar para ir hacia la tierra que Él le indicaría. Se trata nada más y nada menos que de la receta para llegar a uno mismo.

Para empezar, la orden lej lejá (‘vete para tí’), pudo haber sido expresada en una sola palabra, lej (‘ve’). El agregado lejá implica no solo la acción de ir, sino también la de ir hacia sí mismo. O sea, se trata aquí del objetivo de llegar y conectarse consigo mismo, con su propia esencia.

“Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tus padres.” Si quieres lograr tu libertad personal, tienes que liberarte primero de tres limitaciones, englobadas en las palabras hebreas artzeja (‘tu tierra’), moládetejá (‘tu lugar de nacimiento’) y beit avija (‘la casa de tus padres’). La palabra eretz (‘tierra’) está relacionada etimológicamente con ratzón (‘deseo’).

Moladetejá (‘tu lugar de nacimiento’) representa los hábitos que uno tiene arraigados desde pequeño. Beit avija (‘la casa de tus padres’) se refiere al intelecto. Según las enseñanzas del Jasidismo, las dos facultades denominadas jojmá y biná (creatividad y análisis) son consideradas “padre” y “madre” respectivamente, porque son estos poderes intelectuales los que engendran las emociones, sus “hijos”. Las reacciones personales y emocionales frente a un acontecimiento se definen por el modo en que se lo entiende.

Es esta una idea muy diferente de lo que se pregona generalmente en el mundo occidental de hoy. El versículo nos enseña que, en lugar de buscar la libertad personal por medio de hacer lo que uno quiere, entiende y lo hace sentir cómodo, la verdadera manera de lograr la libertad personal es liberándose, primero, de uno mismo.

Quien se rige únicamente por sus deseos, ideas y hábitos personales, lejos de lograr la libertad personal, se encierra en una jaula que lo limita. La manera de abrir la puerta de la jaula es con una llave que la abra desde afuera. Es decir, debemos estar dispuestos a confiar en otro para poder llegar más allá de donde podríamos llegar solos. Cualquier “otro” ser humano también tiene sus limitaciones. Cuando el “otro” es HaShem mismo (quien tiene la llave maestra para todas las cerraduras), no hay límite hasta dónde podemos llegar.

Este ha sido el leitmotiv del pueblo judío a lo largo de su historia milenaria: nunca descansar en los laureles de lo logrado; siempre aspirar a más. No porque tengamos un ego insaciable, sino por una humildad que proviene de poner nuestros deseos, ideas y hábitos al servicio de HaShem, quien no tiene límite.

Ascensos y descensos

El nombre de la parashá (lej lejá) implica progreso y avance, un avance inexorable hacia una meta final. ¿Cómo es, entonces, que en la lectura con dicho título encontramos una cantidad de episodios que implicarían todo lo contrario de un progreso?: se desata una hambruna en la tierra de Canaán que obliga a Abraham a bajar a Egipto en busca de alimento; en dos oportunidades diferentes secuestran a su esposa, Sara. 2

He aquí el concepto de ieridá letzórej aliá, o sea, de un descenso en aras de un ascenso mayor.

Todo lo que ocurre en el mundo es para bien. Los acontecimientos que parecen ser retrocesos o descensos son, en realidad, parte de un proceso que lleva al progreso en los planos tanto individual como nacional y cósmico.

Ciertamente, hubo episodios en la vida de Abraham y Sara que parecían ser caídas y retrocesos, pero aún así se incluyen en la presente parashá porque, aunque no fuera evidente en el momento, al fin de cuentas formaban parte de un proceso de construcción y progreso.

Cuando aprendamos a ver en los momentos “destructivos” de la vida pasos necesarios hacia un crecimiento y progreso, podremos enfrentarlos con mayor confianza. Si nos dedicamos a buscar el pony, no nos molestará el estiércol...

Notas al Pie

1.

Génesis, 12:1.

2.

En ese entonces todavía se llamaba Sarai. Más adelante HaShem cambió su nombre por Sará (Génesis, 17:15).