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Nitzavim:¿ Avanzamos o retrocedemos?

Nitzavim:¿ Avanzamos o retrocedemos?

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Víspera de Rosh Hashaná 5776 Año de Hakhel - שנת הקהל

Nitzavim:¿ Avanzamos o retrocedemos?

ADAPTADO DEL ART. DEL RAB. ELIEZER SHEMTOV

Uno de los grandes valores en el mundo en el cual vivimos es el del progreso. La sociedad en general y cada individuo en particular aspira a avanzar en su desarrollo. De hecho, una de las cosas que rechaza el iehudí moderno en cuanto a sus hermanos más tradicionales es el hecho de que se aferran al pasado y resisten el cambio. ¿No es esa una postura retrógrada? El mundo avanza y el judaísmo debe acompañar los cambios, dicen, si no quedará totalmente irrelevante.escalera.jpg

La lectura de esta semana, Nitzavim nos da una perspectiva interesante al respecto. Nitzavim quiere decir “parados”, refiriéndose al pueblo hebreo, y la de la semana próxima Vaiélej quiere decir “y se fue”, refiriéndose a Moshé. Es una lectura que aunque generalmente se lee entera, en algunos años, según el calendario, se divide en dos y se lee en dos semanas diferentes. De todas maneras, las dos palabras “parados” y “se fue” representan dos conceptos diametralmente opuestos. ¿Qué nos enseña esta combinación imposible?

El Rebe, que su mérito nos proteja, nos da la siguiente explicación:

La vida judía óptima necesita los dos elementos, por un lado una fuerte conexión con las raíces y por otro lado un crecimiento y desarrollo continuo. No sólo que no es una contradicción, sino que una cosa depende de la otra: es la fuerte conexión con las raíces y la identidad judía lo que permite que uno vaya creciendo y desarrollándose en su judaísmo. Sin esa conexión fuerte, puede haber cambios, por supuesto, pero no necesariamente serán una señal de crecimiento y desarrollo; podrán fácilmente ser una señal de distanciamiento y hasta de desconexión.

Jugando al ajedrez

Me viene al recuerdo cuando le enseñé a uno de mis hijos a jugar el Ajedrez. Luego de enseñarle cómo se mueven las piezas, empezamos a jugar. Cuando le tocó, agarró el caballo y dijo: “¡este caballo le da una patada a la reina que está al lado y la saca del juego!”

“Mira, m’hijo,” le dije. “El caballo del campo dará patadas al que esté al lado, el caballo del ajedrez se mueve así…”

Claro, cada uno puede inventar su estrategia para ganar el partido, pero es válido siempre y cuando se atiene a las reglas originales del juego.

Encontramos esta dinámica - la combinación de la inamovilidad y la movilidad y su interdependencia - en los tres pilares centrales de la vida judía: 1) el estudio de la Torá; 2) la Tefilá; 3) el cumplimiento de las Mitzvot (preceptos).

El estudio de la Torá

El estudio de la Torá tiene dos dimensiones, la una inamovible y la otra muy dinámica. La ley escrita no está sujeta a ningún cambio. Cada letra es de origen Divino y es considerada sagrada e intocable. En cuanto a la ley oral sucede lo siguiente: siendo que la ley oral - por definición - es la interpretación de la ley escrita, no hay límite en cuanto a su desarrollo. Más aún, para cumplir debidamente con el precepto del estudio de la Torá, no alcanza con estudiar todo lo que ya existe, ¡hace falta innovar! Cada alma judía que baja al mundo tiene la obligación de descubrir nuevas facetas en la Torá..

Pero hay una condición. Para que una interpretación de la Torá sea válida, tiene que conformarse con las trece reglas de interpretación entregada a Moshé en el Sinaí. El sistema de interpretación de la Torá, base y esencia del judaísmo, tiene sus reglas de juego inapelables.

Nuestros sabios señalan el hecho de que la cantidad de letras en la Torá, 600.000, corresponde a la cantidad de almas genéricas del pueblo judío, presentes en el momento de la entrega de la Torá en el Sinaí. Cada alma tiene “su” letra que la nutre y cada letra tiene ”su” alma quien está encargada de expresarla. La cantidad de letras es limitada; la cantidad de interpretaciones es infinita.

La Tefilá (Plegaria)

Hay dos vías para comunicarse con HaShem: la formal y la informal. La Tefilá formal fue instituida por los integrantes de la Gran Asamblea, hace unos 2.500 años. Tres veces por día pronunciamos las palabras recopiladas y formuladas por dichos sabios. Sirven para expresar nuestra conexión con HaShem a nivel esencial y subconsciente. Además de dichas Tefilot institucionalizadas, cada uno tiene el deber de dirigirse a HaShem directamente, en sus propias palabras, cuando necesita algo. Aún en las plegarias formales, hay lugar para encontrar y expresar un contenido personalizado. Vemos, una vez más, la presencia y roles especiales de los aspectos móvil e inamovible.

Las Mitzvot

Los 613 preceptos bíblicos son inalterables. No se puede agregar ni disminuir la cantidad de Preceptos que HaShem nos mandó cumplir ni tampoco se puede alterar la manera de cumplir con ellos. No son sugerencias; son mandatos. Hay una ley pareja para todos. Conjuntamente con esa dimensión impersonal, hay también un aspecto personal.

Tomemos, como ejemplo, el precepto de colocarse los Tefilín:

El objetivo central del precepto de colocarse los Tefilín sobre la cabeza y el brazo a la altura del corazón es la subyugación y canalización de la mente y el corazón hacia el servicio de HaShem. Dicho objetivo es parejo para todos. De todas maneras, en la práctica, los pensamientos y sentimientos varían. Mis pensamientos y sentimientos son diferentes a los de los demás y son diferentes inclusive para mí mismo, dependiendo del día, ya que las ideas y los sentimientos son, por su naturaleza, cambiantes. Cada día, al colocarse los Tefilín, hay que subyugar y canalizar los pensamientos y sentimientos “de turno”. Un día hay que lidiar con la envidia, por ejemplo, otro día hay que lidiar con el enojo y en otros con la pereza. La consigna - subyugación y canalización - es constante e inamovible; la aplicación práctica y específica es variable.

Así que en respuesta a la pregunta del título, diría que para poder avanzar e ir hacia adelante en nuestra condición de judíos hace falta saber ir hacia atrás y conectarnos con nuestro origen y esencia.

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