ENVOLTORIO

Adaptado del art. de YANKI TAUBER


Tengo un amigo que no compra aguacates (paltas) por principios. "El cincuenta por ciento del peso es la semilla" explica. Le encanta comprar manzanas, uvas y bananas, pero paltas y mangos quedan eliminados. Los duraznos y los dátiles son dudosos —los compra de vez en cuando, con profundas dudas.

Mi amigo tiene un argumento: todo el negocio de la fruta es una estafa. Los árboles necesitan procrear, por eso crecen las semillas. Pero los árboles no son muy móviles, lo que los deja con el problema de cómo obtener que sus semillas sean sembradas a una distancia razonable (si ambos usted y su hijo, por ejemplo están inmóviles, no se les puede echar de la casa a los 35 años…). Una forma sería la de tocar a un ave, un animal o humano de paso en el hombro y decir: "Disculpe, señor, ¿puede usted por favor tomar estas semillas y dejarlas a cierta distancia, de preferencia un lugar con buena tierra, sol y un abundante abastecimiento de agua?" Pero la mayoría de los transeúntes probablemente mascullarán algo acerca de una cita con el médico y se escabullirán. Así que el árbol empaquetará sus semillas en la colorida, sabrosa y nutritiva pulpa, y la comerciará como "fruta".

"El hombre es un árbol del campo" (Deuteronomio 20:19).

Nos asemejamos al árbol de muchas maneras: en nuestro incesante esfuerzo de "crecimiento", en nuestra necesidad de "raíces", en la forma en que nuestras vidas se bifurcan y "ramifican" en diferentes direcciones, entre otros. El principal de ellos, por supuesto, es la manera que todo lo que somos y hacemos se centra en la generación de semillas.

El hombre es un ser espiritual, lo que significa que no sólo se reproduce físicamente - al dar a luz a los niños —sino también espiritualmente: nos multiplicamos mediante la siembra de nuestras ideas, sentimientos y convicciones en las mentes y los corazones de los demás. Y aquí, dice el Rebe, encontramos un interesante paralelismo entre la forma en que el árbol frutal despacha sus semillas y la forma en que difundimos nuestros pensamientos y experiencias.

El vehículo para la reproducción de los árboles frutales consiste en dos componentes básicos:

1) la semilla, en la que el árbol destila su propio ser —sus características, su naturaleza, su arboreidad quintaesencial;

2) el "envoltorio" que lo hace atractivo y aceptable para su envasadores y consumidores.

Ambas cosas son necesarias. Sin el envoltorio, la semilla no llegaría muy lejos, o lo haría sólo con gran dificultad. Por otra parte, si un árbol produce una fruta más sabrosa y atractiva, pero dejar de incluir una semilla, no pasaría nada. No va a haber escasez de consumidores, pero no hay descendencia, o sea que falta la “esencia”.

La “reproducción espiritual” se logra a través de nuestros pensamientos y sentimientos que transmitimos a los demás. Esto es, que nosotros también “envolvemos nuestras semillas”: le damos un tinte sofisticado intelectualmente, las maceramos en salsa emocional, las vestimos con coloridas palabras e imágenes.

Si no lo hiciéramos así, nuestro mensaje no llegaría muy lejos, como le sucede a un árbol con frutos pero sin semillas.

Cuando transmitimos conceptos espirituales (de Torá) no podemos quitarle la esencia –la semilla- de la misma, pues le faltaría el corazón del mensaje, esa “semilla” que tiene que reproducirse en el alma de otro iehudí; y así crecer un nuevo árbol con renovados frutos y semillas multiplicadas.

Si así fuera, el judaísmo sería un “Holywood” hermoso, pero vacío de contenido, pues lo importante es recordar que debe haber una "semilla". Si el fruto de nuestra mente no encierra un trozo del alma, carece de sentido.

La Torá y las mitzvot son como el ejemplo de las semillas: es la esencia del judaísmo. Si quitamos ese núcleo de la fuente de origen, se puede ver muy lindo, pero carente de la luz que queremos transmitir a las generaciones venideras.

Las paltas pueden tener una semilla gigante pero sin ella no se podrán producir otras. Tomemos el fruto, pero no desechemos la esencia: ella es la que –a fin de cuentas- permitirá que se continúe las descendencia de paltas; judaísmo con esencia es lo que hará que perdure a través de generaciones.