Un encuentro Peculiar


        Iom HaShoá: 70 años del final del terror y la barbarie.


La siguiente, es una conmovedora historia del reencuentro de dos hermanos sobrevivientes de la Shoá, que en estos días se conmemora el 70º aniversario. Estos hechos se replican por cientos alrededor del mundo.
 
"Un encuentro entrañable, fruto de una historia verdadera"En muchos países del mundo, quienes hacen el mismo trabajo, como conductores de buses o taxis, ya se conocen y hasta entablan una amistad. Tel Aviv no es ajena a ello, y sucedió que en un encuentro uno de los taxistas comenzó a relatar lo siguiente: "Esta semana viajaba como de costumbre por Tel Aviv, cuando una persona me pidió un viaje. Resultó un pasajero de avanzada edad, muy gracioso, vestido muy jovial incluso usaba joyas y un Rolex impresionante. Me contó acerca de su buen pasar, sus fábricas e inversiones. Pidió permiso para fumar y  sacó un habano (me indicó que era de los caros e incluso divisé que tenía un encendedor Zippo). También pude observar un tatuaje, como esos que llevan los sobrevivientes de los campos de exterminio nazi.
 Le pedí fuego para mí, y grabé el número de su brazo en mi memoria y algo me generó una profunda emoción. Automáticamente, pisé el freno y estacioné; me di vuelta y le pregunté:
— ¿Sos un sobreviviente del holocausto?Medio enojado porque paré de repente, me contestó con otra pregunta:
— Qué... ¿Nunca viste un sobreviviente? Seguí manejando que me estoy demorando.Me atreví a pedirle que relatara su pasado y, cuando se calmó un poco me contó que toda su familia había sido asesinada durante esos años de espanto.“Después de la Guerra, investigué y busqué; necesitaba saber si todavía quedaba alguien con vida. En una ocasión me llegó un rumor que decía que mi hermano estaba acá, en Israel, y cuando vine a buscarlo no logré dar con él,  hasta que una persona me comentó que lo había conocido y que lamentablemente ya había fallecido, así que me quedé solo…El taxista, hizo una pausa y les dijo a sus amigos que, antes de seguir con la historia de este hombre, quería contarles algo sobre su propio pasado y fue así como siguió su relato.

De joven, antes de alistarme en el ejército, sentado en el comedor del kibutz y sin ánimo, sentí nauseas. Me propuse terminar con mi trabajo rápidamente así podría irme a descansar a mi cuarto. En el lugar donde trabajaba había un recipiente enorme en el cual tirábamos papas para pelar. En la base del mismo había cuchillas,  que cortaban las papas cuando llegaban a la superficie. Era un día de lluvia; me acerqué a la máquina con mis zapatillas mojadas y cuando intenté tirar las papas, resbalé y caí adentro. Me golpeé todo el cuerpo y cuando reaccioné, me di cuenta que era la hora en que la máquina funcionaba y yo me estaba hundiendo, junto con las papas, directo a las cuchillas.


Grité con todas mis fuerzas pero nadie me escuchaba, todos estaban aturdidos por el ruido dentro del comedor. Traté de treparme pero todo era resbaloso y  además, muy alto, por lo que comencé a gritar más fuerte. Esta vez le pedía a Di-os que me ayudara. Nunca antes había tenido una reacción parecida; empecé a gritar al cielo pidiéndole a Di-os que me salvara:— ¡Dios, socorro, no quiero morir!


shoa.JPGFue en ese preciso momento,  yo estaba aterrorizado y gritando desesperadamente, cuando una mano entra en la enorme palangana y me toma fuertemente para que yo no siguiera cayendo. Lo primero que vi fue el número que llevaba tatuado en su brazo. Era la mano de mi vecino Zalman.Zalman era un sobreviviente del holocausto, sufría de gran pánico postraumático. No hablaba ni se comunicaba con nadie.  Le agradecí que me hubiera salvado. Me miró sin decirme nada, se fue.Desde ese día, el número que vi grabado en su brazo me persigue por doquier; siempre lo recordé y supe repetirlo cada vez que contaba la historia. Entré al ejército, y los primeros tres números de mi documento eran como los de Zalman. Cuando me casé, y compré mi primera casa, los dos números del medio que la identificaban eran como los dos números del medio del tatuaje de Zalman, y cuando compré un teléfono celular, los últimos tres dígitos eran como los últimos tres del brazo de Zalman...

Cuando el anciano del taxi me encendió el cigarrillo, los números de su brazo eran parecidos a los de Zalman; casi iguales. Sólo el último dígito era distinto, y cuando vi que era correlativo al de Zalman trabé las puertas del taxi, giré en “U” y comencé a viajar con destino al kibutz. El viejo empezó a gritar y, seguramente, pensaba que lo estaba raptando, por lo cual le conté la verdad y le dije que era posible que su hermano, a quien él había perdido, fuera el Zalman que yo conocí de joven,  que estábamos viajando a su encuentro y que, a lo sumo, si no fuera así lo llevaría hacia su destino original gratis. Yo tenía la esperanza de que Zalman estuviera vivo todavía, a pesar de que habían pasado muchísimos años. Al llegar al kibutz sentí que no había pasado el tiempo; me acordaba de todo; cada rincón, lo que hizo que llegáramos directamente a la casa de Zalman.  Me bajé del taxi, y al minuto de haber golpeado, ese minuto eterno, ocurrió el milagro esperado, Zalman me abrió la puerta. Lo abracé fuertemente como cuando no ves a un ser querido durante una gran cantidad de años. Zalman no reaccionó, no abrió la boca, parecía que no me recordaba.

Cuando se bajó del taxi mi pasajero y se nos acercó sin que me diera cuenta, fui testigo de un momento histórico: Ambos se reconocieron instantáneamente como hermanos. Fue, además, la primera vez que escuché a Zalman hablar.

Siento que Zalman fue enviado desde el cielo para salvar una vida, la mía, y yo un humilde enviado para que le trajera a su hermano perdido. Sentí que el rol que cumplí en este drama no fue casual. Estoy seguro que alguien desde el cielo me empujó a llevar a cabo esta misión y no me quedó otra que decirle gracias.Gracias a Di-os que me permitió ser el protagonista de esta historia. Así fue como este relato hizo que sus colegas, de a poco, se le empezaran a acercar y a abrazarlo como nunca.

¡Shabat Shalom!