Un enviado de HaShem

Este joven Rabino contrastaba con el paisaje indio de Bombay. Con su vestir jasídico llamaba la atención de todos. Este Sheliaj del Rebe estaba presionado por el tiempo -el reloj corría- llevaba las invitaciones para el gran Seder de Pesaj entre hoteles, hostels, albergues juveniles, y empresarios en tránsito por la ciudad: “el Seder  se realizará en la terraza del hotel Sliz. Vayan adonde hay una Janukiá en el cuarto piso del edificio.”

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Seguía corriendo entre las personas y la multitud que llenaban las calles fijándose si había algún posible invitado, generalmente turista. El Rabino Gaby Holzberg, gran Sheliaj de Jabad en Bombay, manifestaba “estás invitado a hacer Seder con nosotros”. Quien observaba el rostro de este joven con una mirada decisiva y una perseverancia inigualable, característica de gran energía imprescindible para llevar adelante un Beit Jabad en un lugar tan difícil y adverso como éste.

La pareja de Rivky y Gaby Holzberg eran muy activos y pujantes; este fue siempre el secreto de su éxito, hasta el día fatídico de Rosh Jodesh Kislev del 5769, en que fueron asesinados brutalmente, santificando el nombre de HaShem en un condenable ataque fundamentalista y terrorista.

Las cuerdas del reloj seguían avanzando febrilmente. En el hotel Sliz se vivenciaban los grandes preparativos. Incluso los invitados que llegaban se aprestaban a ayudar, sobre las mesas habían pilas de verduras limpias y revisadas, sobre las hornallas las ollas rebozantes de comida, sobre las mesas, ya prontas las matzot y los vinos, todo estaba listo: en breves instantes comenzaría el Jag. Pesaj extendería sus alas sobre la lejana Bombay.

Repentinamente, el Rav Gaby se percata de un pequeño hospedaje que no había visitado, y con ávidos reflejos -que lo caracterizaba- fue hasta allí. Pidió a la conserje que le muestre la lista de los pasajeros. Rápidamente descubrió un nombre que parecía israelí. Preguntó dónde quedaba la habitación: “arriba al final de las escaleras”...  Subió saltando los escalones de a pares, golpeó la puerta una y otra vez sin respuesta. Casi desilusionado volvió sobre sus pasos y comenzó a bajar, pero la puerta se abrió. Un hombre recién despierto y despeinado lo mira asombrado, y le pregunta en hebreo: “Quien te envió para acá?” “HaShem” le responde! (Di-os me mandó! dijo metafóricamente).-

"Por favor, esperame un minuto" dijo el pasajero. Entró en su habitación y luego de un rato invitó al Rab. Holzberg a pasar. Se mostró lloroso, y dijo, “te voy a contar una historia –mientras el reloj seguía avanzando desafiante por el ingreso del jag, aunque el Rab no dejaba de prestar atención…- : “Yo soy un Kibutznik (miembro de un Kibutz), y estoy en un viaje de placer en la India. Sinceramente no tenía programado llegar a Bombay. Bajé en la estación, e iba a subir a otro ferrocarril rumbo al norte. Pero cuando me acerque a la boletería para comprar los tickets, descubrí que me habían robado la billetera. No tengo pasaporte, plata ni nada!!!. Me desesperé  y me angustié mucho!!!... De repente se acercó un señor francés junto con su esposa. Me habló en inglés, y me preguntó qué me pasó. Cuando me identifiqué, me respondió con una gran sonrisa: “No estés triste, hoy es Erev Pesaj! El consulado israelí ya está cerrado y hasta terminar el Jag nada podrás hacer, me dio dinero  y me dijo que vaya a un hostel hasta que pudiera recuperar los documentos y pedir ayuda a mi familia en Israel”.

Al llegar a esta habitación del hostel me acosté y empecé  a hablar con HaShem... Diciendo: “Di-s, no programé llegar acá. Qué va a pasar?”. Conversar con HaShem no era mi costumbre, pero en ese momento estaba hablando con Él.  “Y Di´s! el iehudí que encontré en la estación del Tren, me dijo que esta noche es Pesaj. Yo sé que mi vínculo contigo no es gran cosa, pero si a pesar de todo algo me querés, dame una señal de que me tenés en cuenta, no dejes que esté solo esta noche... Y me quedé dormido.”

"No sabía si estaba soñando pero escucho que golpean la puerta, dos o tres veces...  Me levanto, y te veo tras la puerta, y te pregunto quién te mandó! Me respondés “HaShem!” Increíble, no?

Esa noche, dentro de los cientos de comensales invitados al Seder de Pesaj –jovenes, mayores, hombres de negocios y turistas, también había un “kibutznik”. Al abrir la puerta para recibir a Eliahu HaNaví,   aquel que anunciará la Gueulá, se cruzan las miradas del Rab Holzberg y este joven israelí. Unas miradas cuyo significado sólo ellos entendieron.